Russell Mokhiber y Robert Weissman (*)

Focus on the Corporation.
Traducción para La insignia: Berna Wang

A una manzana de la Casa Blanca, en la calle 15, incrustado en la acera, delante de The Old Ebbitt Grill, hay un medallón de bronce que honra la vida de Booker T. Washington.
El medallón tiene un retrato de Booker T. y dice:
Como influyente afroamericano que vivió en una época de segregación creciente, Booker T. Washington negoció una vía entre el acuerdo y el progreso al propugnar mayores derechos civiles para los negros. Su filosofía de ‘pedir’ y no ‘protestar’ le permitió ganarse el respeto de presidentes y políticos, aunque a veces le alejó de los de su propia raza. Washington creía que la educación era un pilar para el progreso de los negros y sus esfuerzos para recaudar dinero para su querido Instituto Tuskegee contribuyó a que éste obtuviera su bien merecida reputación de destacada institución educativa para afroamericanos.

La tarea de mi vida es la promoción de la educación de mi raza“. Booker T. Washington. Patrocinado por la Ford Motor Company. El medallón de Booker T. es uno de una lista creciente de pioneros voluntarios estadounidenses a quienes rinde homenaje la Fundación Puntos de Luz. En última instancia, los medallones formarán un camino de una milla de longitud en el corazón de Washington D.C.

Ya hay veinte medallones incrustados en las aceras de la calle 15 y calles G del centro de Washington.
El monumento –conocido como la Milla Extra– fue inaugurado el 14 de octubre del 2005 a bombo y platillo en una ceremonia a la que asistió el ex presidente George Bush y muchos miembros de la familia extensa de los homenajeados.

Cada medallón está patrocinado por una importante empresa estadounidense.

Así, por ejemplo, el dedicado a Millard y Linda Fuller, fundadores de Hábitat para la Humanidad, fue posible gracias a Whirlpool.
Nuestro favorito –el dedicado a Harriet Tubman, líder del esfuerzo del ferrocarril subterráneo para liberar a los esclavos– es posible gracias al Washington Times (¿alguien preguntó a sus descendientes al respecto?).
El dedicado a César Chávez, cofundador del sindicato agrario United Farm Workers of America (UFW), también fue posible gracias a la Ford Motor Company.
Su placa dice en parte: “Bajo su liderazgo de protesta no violenta, UFW logró obtener mejores salarios y prestaciones sociales, una vida y condiciones de trabajo más humanos, y una mayor seguridad laboral para algunos de los trabajadores más pobres de Estados Unidos.”
Vamos a decirlo abiertamente: para ser una iniciativa de Bush, no está mal.
De hecho, si alguna vez van al D.C., no olviden recorrer la milla y comprobarlo; y enséñenlo a los niños (o den un paseo virtual en www.extramile.us).
Evidentemente, la empresa no es una admiradora de César Chávez; ni tampoco de Booker T., en realidad.
La Ford está haciéndolo para pulir su imagen, por así decir.
¿Por qué?
Por lo pronto, las autoridades de Nueva Jersey están pidiendo que se investigue a la empresa por delitos contra el medio ambiente.
Resulta que durante varios años, la Ford Motor Company arrojó millones de galones de sedimentos de pintura en una zona ahora residencial del norte de Nueva Jersey.
Los sedimentos de pintura procedían de la fábrica de la Ford Motor Company de Mahwah, que durante una época fue la mayor planta de montaje de automóviles del país, según un reportaje de investigación publicado este mes en el Bergen Record.
El Record ha publicado una serie de reportajes de investigación sobre los vertidos en www.toxiclegacy.com.
Según esta serie, antes de cerrar en 1980, la fábrica escupió seis millones de vehículos y un océano de contaminantes, incluidos sedimentos de pintura suficientes para llenar dos de los tres tubos del Túnel Lincoln.
Se arrojaron millones de galones de sedimentos de pintura en la parte más alejada de Ringwood, que ahora es una zona residencial.
Los niños jugaron en ellos.
Los arroyos los bañaron.
Y a principios de año, las autoridades de Nueva Jersey anunciaron que algunos índices de cáncer en la zona eran excepcionalmente elevados.
Las pruebas encargadas por el Record encontraron plomo, arsénico y xilemas en los sedimentos… algunos 100 veces los niveles considerados seguros por el gobierno.
El Record descubrió que la Ford hizo vertidos reiteradamente en comunidades pobres y no limpió lo que había ensuciado.
Los periodistas del Record desenterraron documentos que demostraban que los ejecutivos de la Ford sabían hace ya 34 años que sus residuos habían contaminado un arroyo que desemboca en el embalse de Wanaque.
Los documentos muestran que la empresa intentó eludir su responsabilidad ofreciendo tierras contaminadas como un “regalo” al estado, informó el diario.
El Record entrevistó a camioneros que transportaron residuos: dijeron que contratistas controlados por bandas arrojaron residuos en cualquier parte donde pudieran salirse con la suya.
Sobornaron, amenazaron, e incluso asesinaron para mantener el control de la basura de la Ford, informó el diario.
Millones de galones de residuos peligrosos se desvanecieron en sus manos.
Según el Record, la Ford dice que sus vertidos en Ringwood fueron legales.
La Ford dice que otros arrojaron residuos en Ringwood y comparten la responsabilidad de la contaminación.
Bueno, dejemos que decida un fiscal federal.
Hay puntos de luz (www.extramile.us).
Y hay puntos de oscuridad (www.toxiclegacy.com). Obtener publicidad barata poniendo tu nombre en una placa es una cosa. Pagar por los restos humanos y medioambientales que has causado en el norte de Nueva Jersey, otra.
Por tanto, en honor de Booker T., “pedimos” que el fiscal federal de Newark se tome en serio este caso y abra una investigación penal de la compañía.
Dicho sea de paso, ¿qué multinacional va a patrocinar la placa de Malcom X?.

(*) Russell Mokhiber es editor de Corporate Crime Reporter, con sede en Washington D.C. Robert Weissman es editor de Multinational Monitor, con sede en Washington, D.C. Ambos son coautores de Corporate Predators: The Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy (Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999).
(c) Russell Mokhiber y Robert Weissman
(c) de la traducción: Berna Wang, 2005.