8. El trabajo y la actividad de la minoridad

No sólo de hecho, sino también conceptualmente, se demuestra la identidad entre trabajo y minoridad. Hasta hace pocos siglos, los hombres tenían conciencia del nexo entre trabajo y coerción social. En la mayoría de las lenguas europeas, el término «trabajo» se relaciona originalmente sólo con la actividad de una persona jurídicamente menor, del dependiente, del siervo o del esclavo. En los países de lengua germánica, la palabra Arbeit significa trabajo arduo de una criatura huérfana y, por eso, sierva. En latín, laborare significaba algo como el «vacilar del cuerpo debajo de una carga pesada», y en general era usado para designar el sufrimiento y el maltrato del esclavo. Las palabras latinas travail, trabajo, etc., se derivan del latín tripalium, una especie de yugo utilizado para la tortura y el castigo de los esclavos y otros no libres. La expresión idiomática alemana Joch der Arbeit («yugo del trabajo») evoca todavía este sentido.

«Trabajo», en consecuencia, por su origen etimológico, tampoco es sinónimo de una actividad humana autodeterminada, sino que apunta a un destino social infeliz. Es la actividad de aquellos que perdieron su libertad. La ampliación del trabajo a todos los miembros de la sociedad es, por ello, nada más que la generalización de la dependencia servil, y su adoración moderna sólo la elevación cuasi religiosa de este estado.

Esta relación pudo ser reprimida con éxito y la exigencia social, interiorizada, porque la generalización del trabajo fue acompañada por su «objetivación» a través del moderno sistema productor de mercancías: la mayoría de las personas ya no está bajo el látigo de un señor personal. La dependencia social se convirtió en una relación abstracta del sistema y, precisamente por eso, total. Se la puede sentir en todos los sitios, pero no es palpable. Cuando cada uno se transformó en siervo, se transformó al mismo tiempo en señor, su propio traficante de esclavos y administrador. Todos obedecen al dios invisible del sistema, al «Gran Hermano» de la valorización del capital, que los subyuga bajo el tripalium.